Siempre tardo, pero vuelvo.
Aunque creais que este blog está abandonado, sigo intentando escribir de vez en cuando, aunque al final las ideas se esfumen y siga viendo cuando entro la ultima entrada desde semana santa.
No os creais que os dejo, a veces entro en silencio, me doy un largo paseo y sigo pensando para mi mismo: si es que es el mejor sitio de internet.
Pero ahora ha llegado mi momento desconexión. Se acabó la ciudad, el ruido, la gente, la música, el móvil, el ordenador y las calles largas que huelen a humo. Es mi verano de descanso (entre comillas), verde, y casi siempre con la misma palabra en la cabeza: soledad...
Nunca os habeis preguntado: ¿Qué estará haciendo tal persona ahora mismo?, pues esa es la pregunta que más veces ronda mi cabeza a lo largo del día, y luego vuelvo al trabajo.
Pero una escapada de este mundo nunca viene mal, de hecho viene fenomenal, ¿no?. Has escapado de todo (o casi todo) y alli no hay problemas...no hay barullos por cosas tontas, y no te preocupas de lo que piense esa cantidad de gente que te rodea.
Pero si algo aprendes, es a valorar lo que tienes en el mundo normal. Parece algo tonto, pero en realidad es lo mejor que te puede ocurrir. Os lo recomiendo.
lunes, 2 de agosto de 2010
lunes, 5 de abril de 2010
Otra semana santa cumplida
Día de reflexión.
Domingo de resurrección, uno de los días más alegres y a la vez más tristes del año.
Alegría por la resurrección de Cristo, porque hoy se celebra la primera romería del año, y empieza la campaña romera; pero también triste, porque dejamos otra semana santa atrás.
Otra vez se nos va. Y se va como siempre, como todos los años, orgullosa de haber inundado las calles zamoranas, de haber lucido su elegancia, y su austeridad, su más humilde tradición.
Mañana ya no veremos los estandartes colgados de los balcones del ayuntamiento, y la gente se irá de Zamora volviendola a dejar sola, fría y viviendo del recuerdo.
Aunque la lluvia ha vuelto a hacer presencia en esta semana de vida y muerte, el balance vuelve a ser el mejor que podamos concederle, como siempre.
Porque nunca cambia, siempre llega un jueves con la emoción de ver al nazareno por el puente, y termina a golpe de flauta y tamboril, y escopeta en la plaza mayor con el reencuentro.
Pero siempre son diez días intensos. Días de escuchar mater mea hasta la saciedad, de esperar horas y horas hasta que no sientas tu cuerpo del frio, de ver miles y miles de cabezas reunidas en una plaza y que de ninguna de sus bocas salga un murmullo, de escuchar el silencio, y de comer almendras garrapiñadas o aceitadas.
Días de vestir de morado nazareno, de rojo silencio, o negro de luto; de contemplar escenas míticas como el cinco de copas al son de thalberg, o el caballo longinos con la marcha fúnebre de chopin; de arropar a la virgen de la soledad a su entrada en San Juan, y de que te invada un sentimiento de tristeza al oir el sonido del bombardino en las Capas Pardas...
Pero no solo la semana santa es para Zamora y los zamoranos, sino que nuestra ciudad abre sus puertas a que el mundo entero pueda admirar este sentimiento y notamos cómo en estos dias Zamora aumenta cinco veces el número de sus habitantes.
Pero hoy todo se acaba, todo vuelve a su sitio, la gente se vuelve a marchar, y la tranquilidad y la vida cotidiana vuelve a llegar a esta humilde ciudad, en la que esperamos dia tras dia que el barandales vuelva a avisarnos de que "ya llega".
Hasta el año que viene
Domingo de resurrección, uno de los días más alegres y a la vez más tristes del año.
Alegría por la resurrección de Cristo, porque hoy se celebra la primera romería del año, y empieza la campaña romera; pero también triste, porque dejamos otra semana santa atrás.
Otra vez se nos va. Y se va como siempre, como todos los años, orgullosa de haber inundado las calles zamoranas, de haber lucido su elegancia, y su austeridad, su más humilde tradición.
Mañana ya no veremos los estandartes colgados de los balcones del ayuntamiento, y la gente se irá de Zamora volviendola a dejar sola, fría y viviendo del recuerdo.
Aunque la lluvia ha vuelto a hacer presencia en esta semana de vida y muerte, el balance vuelve a ser el mejor que podamos concederle, como siempre.
Porque nunca cambia, siempre llega un jueves con la emoción de ver al nazareno por el puente, y termina a golpe de flauta y tamboril, y escopeta en la plaza mayor con el reencuentro.
Pero siempre son diez días intensos. Días de escuchar mater mea hasta la saciedad, de esperar horas y horas hasta que no sientas tu cuerpo del frio, de ver miles y miles de cabezas reunidas en una plaza y que de ninguna de sus bocas salga un murmullo, de escuchar el silencio, y de comer almendras garrapiñadas o aceitadas.
Días de vestir de morado nazareno, de rojo silencio, o negro de luto; de contemplar escenas míticas como el cinco de copas al son de thalberg, o el caballo longinos con la marcha fúnebre de chopin; de arropar a la virgen de la soledad a su entrada en San Juan, y de que te invada un sentimiento de tristeza al oir el sonido del bombardino en las Capas Pardas...
Pero no solo la semana santa es para Zamora y los zamoranos, sino que nuestra ciudad abre sus puertas a que el mundo entero pueda admirar este sentimiento y notamos cómo en estos dias Zamora aumenta cinco veces el número de sus habitantes.
Pero hoy todo se acaba, todo vuelve a su sitio, la gente se vuelve a marchar, y la tranquilidad y la vida cotidiana vuelve a llegar a esta humilde ciudad, en la que esperamos dia tras dia que el barandales vuelva a avisarnos de que "ya llega".
Hasta el año que viene
viernes, 26 de marzo de 2010
Semana Santa 2010
Y vuelvo.
No se crean que me olvido de este rincón cibernético al que algunos podrían llamar diario.
Pero vuelvo con el motivo de casi siempre, con el motivo que me trae aqui año a año, y al que espero no faltar nunca.
Porque hoy, vuelvo a pasear por Santa Clara y vuelvo a ver un cartel que reza: Semana Santa 2010.
Es ahora cuando vas por la calle y escuchas conversaciones ajenas que comentan los cambios de este año, o la indignación que puede provocar decisiones tomadas por tal o cual cofradía. Yo, simplemente sonrío. Porque cuando pasa esto, piensas ya llegó, ya está aqui, y también piensas, ¡Qué pequeña es Zamora, y cómo me gusta!.
Zamora, aquella ciudad castellana al que algunos bautizan como la perla del duero, la ciudad del románico, la bien cercada, o la muy noble y leal...Zamora la olvidada, el pueblo que solo se acuerda de sus mayores, la ciudad que rezuma antiguedad por sus cuatro costados, la de las cuatro murallas, o siemplemente, la perdida entre el país del jolgorio y la juerga. Zamora hoy viste su etiqueta más elegante, Zamora hoy, muestra su arte y su devoción, Zamora hoy, empieza su semana.
Como cada jueves de traslado, la cuenta ha llegado a su fin, y como cada año, el corazón queda en un puño al ver pasar al nazareno, al cristo de la otra orilla, al del otro margen de la ciudad, al de Zamora entera.
Solo un zamorano sabe lo que significa jueves de traslado, significa el comienzo de su ciudad, el despertar de su gente, el inicio del más puro sentimiento de pasión.
Pasión al ver caminar al nazareno por la empedrada cuesta del Pizarro, por escuchar el grito de los niños que agitan sus palmas de alegría, por sentir que el corazón se encoje al oir el jerusalem, por callar y agachar la cabeza ante el dolor y la muerte, por dejarse llevar por las voces del miserere, o entristecer al ver que tu procesión este año se queda en casa, enmudecer al oir miles de voces cantar la salve a la reina de este humilde pueblo, o sencillamente, pasión por vivir esto, por vivirlo año a año, y esperar un largo año para que se esfume tan rápido, pasión en definitiva, por pertenecer a Zamora y a su semana santa.
Y sin más preámbulos le cedo el paso a Zamora en sí, que ella os guíe en otra nueva semana de pasión.
No se crean que me olvido de este rincón cibernético al que algunos podrían llamar diario.
Pero vuelvo con el motivo de casi siempre, con el motivo que me trae aqui año a año, y al que espero no faltar nunca.
Porque hoy, vuelvo a pasear por Santa Clara y vuelvo a ver un cartel que reza: Semana Santa 2010.
Es ahora cuando vas por la calle y escuchas conversaciones ajenas que comentan los cambios de este año, o la indignación que puede provocar decisiones tomadas por tal o cual cofradía. Yo, simplemente sonrío. Porque cuando pasa esto, piensas ya llegó, ya está aqui, y también piensas, ¡Qué pequeña es Zamora, y cómo me gusta!.
Zamora, aquella ciudad castellana al que algunos bautizan como la perla del duero, la ciudad del románico, la bien cercada, o la muy noble y leal...Zamora la olvidada, el pueblo que solo se acuerda de sus mayores, la ciudad que rezuma antiguedad por sus cuatro costados, la de las cuatro murallas, o siemplemente, la perdida entre el país del jolgorio y la juerga. Zamora hoy viste su etiqueta más elegante, Zamora hoy, muestra su arte y su devoción, Zamora hoy, empieza su semana.
Como cada jueves de traslado, la cuenta ha llegado a su fin, y como cada año, el corazón queda en un puño al ver pasar al nazareno, al cristo de la otra orilla, al del otro margen de la ciudad, al de Zamora entera.
Solo un zamorano sabe lo que significa jueves de traslado, significa el comienzo de su ciudad, el despertar de su gente, el inicio del más puro sentimiento de pasión.
Pasión al ver caminar al nazareno por la empedrada cuesta del Pizarro, por escuchar el grito de los niños que agitan sus palmas de alegría, por sentir que el corazón se encoje al oir el jerusalem, por callar y agachar la cabeza ante el dolor y la muerte, por dejarse llevar por las voces del miserere, o entristecer al ver que tu procesión este año se queda en casa, enmudecer al oir miles de voces cantar la salve a la reina de este humilde pueblo, o sencillamente, pasión por vivir esto, por vivirlo año a año, y esperar un largo año para que se esfume tan rápido, pasión en definitiva, por pertenecer a Zamora y a su semana santa.
Y sin más preámbulos le cedo el paso a Zamora en sí, que ella os guíe en otra nueva semana de pasión.
viernes, 28 de agosto de 2009
martes, 25 de agosto de 2009
Cambio
Sí, este es el momento de la vida en el que las cosas cambian, y nunca sabes si para mejor o peor, si se estropeará todo, o lo que has guardado durante tanto tiempo quedará intacto y sabrás que era de verdad.
Sí, ahora es cuando la vida te obliga a partir, a vivir en otro lugar, en otras circunstancias y en otro mundo; ahora es cuando emprendes tu solo el camino que has decidido, y debes superar los miedos que te machacan por ello.
Es momento de madurar de golpe, de aprender de la vida, de lo injusta o divertida que puede ser, y disfrutar lo que puedas.
18 años es muy poco, pero es lo suficiente como para saber que aunque me vaya, mi sitio es este, mi gente está aqui, y aqui voy a volver, como todo lo que existe vuelve a su lugar de origen.
Buenas noches
Sí, ahora es cuando la vida te obliga a partir, a vivir en otro lugar, en otras circunstancias y en otro mundo; ahora es cuando emprendes tu solo el camino que has decidido, y debes superar los miedos que te machacan por ello.
Es momento de madurar de golpe, de aprender de la vida, de lo injusta o divertida que puede ser, y disfrutar lo que puedas.
18 años es muy poco, pero es lo suficiente como para saber que aunque me vaya, mi sitio es este, mi gente está aqui, y aqui voy a volver, como todo lo que existe vuelve a su lugar de origen.
Buenas noches
jueves, 16 de abril de 2009
Otro año más
Se nos fue, otro año más.
Aqui estamos, otro Domingo de Resurrección despidiendo los días grandes de la ciudad.
Cumplimos otro año, viendo subir al Nazareno por el Pizarro, callando ante los monjes del Espíritu Santo, sintiendonos más humildes al paso del Cristo de Luz y Vida, y sobre todo, callando refugiados en el calor de la pasión, y en las notas de la muerte.
Asistimos al riego para ver cómo Jesus caía por tercera vez, y en silencio y sin hacer ruido, escuchamos a Cristo en modo de plegaria, en intenso agudo, en el canto del "Jerusalem".
Otro año más el nazareno del dolor bajó con los suyos, y rezamos las siete palabras a modo de toque de tambor, tambor que rogaba plegarias, y nos recogía en el frio de la noche.
Zamora se hizo muda un miercoles santo, mientras la ciudad se llenaba de rojo pasión y sólo el cristo de las Injurias se acercaba lento, por la rúa, intensificando su dolor, y nuestro propio dolor. Mientras el bombardino sonaba a recogimiento, el miserere alistano se alzaba hacia el cielo, sonando castellanamente, a nuestra manera.
El jueves nos levantamos pronto para ver pasar el verde que camina hacia la esperanza, que nos llena de estrellas con su manto, y que nos aflige ante su mirada, triste, dolorosa, la de una madre que espera impaciente el milagro.
La tarde del jueves santo se vistió como cada año de morado intenso, y las notas de Mater Mea, La Saeta, o La Cruz, volvían a llevar a Zamora a revivir escenas cúlmenes como la oracion en el huerto, el prendimiento, la flagelación o la sentencia. Veíamos a Cristo humillado, burlado y apaleado ante los ojos de la población castellana, que atónita, solo agachaba la cabeza y sentía las llagas del dolor.
Y sale a la calle cristo Yacente, entre el dolor y la muerte, entre la lluvia y el sol, pero el canto del Miserere pudo con la lluvia, y las potentes voces llenaron Viriato de silencio, dolor y belleza.
La madrugada del jueves-viernes santo estuvo pasada por agua, y Jesus Nazareno no salió a la calle, para la pena de 5.000 cofrades y una ciudad que esperaba Sopas de ajo a media mañana y resaca unas horas despues.
Otro año más, el cielo lloraba la muerte de cristo, y el santo entierro no se pudo llevar a cabo.
Pero nuestra madre, la de todos los que creemos en ella y en esa cara de niña, venció los aguaceros y salió a compartir su angustia con toda Zamora, que la miraba y acompañaba en su dolor. Incluso oimos unas lejanas notas de la Marcha Fúnebre de Thalberg como recuerdo de la mañana anterior.
El sábado santo se vistió de pobre, de negro, con atuendo de monja, con su manto.
La soledad salía de San Juan para que todos pudieramos verla. Para que sus finas lágrimas y sus manos entrelazadas nos guardaran el alma y nos sintiéramos solos con ella, para que Zamora se postrara a sus pies y su paso nos guiara hacia la luz.
Y otro año más resucitó, como siempre desde la Horta, y a ritmo de flauta y tamboril, haciendo de una procesión, la primera romería del año.
Así acaba esta semana santa, Zamora vuelve a su soledad, a su misterio, a su silencio, y el barullo de los dias de pasión se aleje otro año más, ya quedan los trajes y túnicas guardados en el armario, y los sentimientos sólo podemos hacerlos palabras. Otro año más acabó, y ya sólo nos queda esperar hasta el año que viene.
Aqui estamos, otro Domingo de Resurrección despidiendo los días grandes de la ciudad.
Cumplimos otro año, viendo subir al Nazareno por el Pizarro, callando ante los monjes del Espíritu Santo, sintiendonos más humildes al paso del Cristo de Luz y Vida, y sobre todo, callando refugiados en el calor de la pasión, y en las notas de la muerte.
Asistimos al riego para ver cómo Jesus caía por tercera vez, y en silencio y sin hacer ruido, escuchamos a Cristo en modo de plegaria, en intenso agudo, en el canto del "Jerusalem".
Otro año más el nazareno del dolor bajó con los suyos, y rezamos las siete palabras a modo de toque de tambor, tambor que rogaba plegarias, y nos recogía en el frio de la noche.
Zamora se hizo muda un miercoles santo, mientras la ciudad se llenaba de rojo pasión y sólo el cristo de las Injurias se acercaba lento, por la rúa, intensificando su dolor, y nuestro propio dolor. Mientras el bombardino sonaba a recogimiento, el miserere alistano se alzaba hacia el cielo, sonando castellanamente, a nuestra manera.
El jueves nos levantamos pronto para ver pasar el verde que camina hacia la esperanza, que nos llena de estrellas con su manto, y que nos aflige ante su mirada, triste, dolorosa, la de una madre que espera impaciente el milagro.
La tarde del jueves santo se vistió como cada año de morado intenso, y las notas de Mater Mea, La Saeta, o La Cruz, volvían a llevar a Zamora a revivir escenas cúlmenes como la oracion en el huerto, el prendimiento, la flagelación o la sentencia. Veíamos a Cristo humillado, burlado y apaleado ante los ojos de la población castellana, que atónita, solo agachaba la cabeza y sentía las llagas del dolor.
Y sale a la calle cristo Yacente, entre el dolor y la muerte, entre la lluvia y el sol, pero el canto del Miserere pudo con la lluvia, y las potentes voces llenaron Viriato de silencio, dolor y belleza.
La madrugada del jueves-viernes santo estuvo pasada por agua, y Jesus Nazareno no salió a la calle, para la pena de 5.000 cofrades y una ciudad que esperaba Sopas de ajo a media mañana y resaca unas horas despues.
Otro año más, el cielo lloraba la muerte de cristo, y el santo entierro no se pudo llevar a cabo.
Pero nuestra madre, la de todos los que creemos en ella y en esa cara de niña, venció los aguaceros y salió a compartir su angustia con toda Zamora, que la miraba y acompañaba en su dolor. Incluso oimos unas lejanas notas de la Marcha Fúnebre de Thalberg como recuerdo de la mañana anterior.
El sábado santo se vistió de pobre, de negro, con atuendo de monja, con su manto.
La soledad salía de San Juan para que todos pudieramos verla. Para que sus finas lágrimas y sus manos entrelazadas nos guardaran el alma y nos sintiéramos solos con ella, para que Zamora se postrara a sus pies y su paso nos guiara hacia la luz.
Y otro año más resucitó, como siempre desde la Horta, y a ritmo de flauta y tamboril, haciendo de una procesión, la primera romería del año.
Así acaba esta semana santa, Zamora vuelve a su soledad, a su misterio, a su silencio, y el barullo de los dias de pasión se aleje otro año más, ya quedan los trajes y túnicas guardados en el armario, y los sentimientos sólo podemos hacerlos palabras. Otro año más acabó, y ya sólo nos queda esperar hasta el año que viene.
jueves, 2 de abril de 2009
Semana Santa 2009
Y volvemos, como cada año a encontrarnos con el ya consagrado "jueves de traslado".
Sin duda el día mas esperado del año por los zamoranos de verdad, los que aman cada rincón de esta bella ciudad románica y los que tachan dia a dia el calendario esperándo encontrar pronto un Marzo-Abril.
Ya ha pasado más de un año desde que metimos por última vez al Resucitado en la Horta, desde que comimos con desgana el dos y pingada mientras nuestras caras lucían ya una nostalgia por los días que acababan de pasar.
Pero el tiempo vuela, y cuando encontramos los primeros despuntes del sol del año, las primeras margaritas y los primeros estornudos, nos volvemos a encontrar con el Mozo, un año más, sin faltar nadie a la cita.
Nadie falta al Pizarro, a comprar las primeras bolsas de pipas, y a sentir algo en el interior que produce una felicidad solo sentida por los zamoranos cada Semana Santa.
Volvemos a oir por la calle los comentarios de los cambios de este año, volvemos a pronosticar el tiempo y mirar al cielo por ver si este año nos da una tregua.
Otro año más, la semana santa es un hecho, los estandartes de las cofradias ya están colocados en el Ayuntamiento, y las aceitadas puestas en el cajón de las galletas.
Ya escuchamos lejanamente a cierto representante semasantero, como es el Barandales y vemos cómo asoma fatigado nuestro mozo vecino por el puente de piedra, que tantas procesiones ha visto.
Despues de un año, las cosas vuelven al sitio de siempre, y aunque tu vida tenga ciertas dificultades, el dia que ves al mozo subir con la cruz a cuestas por el Pizarro, sientes que todo va bien.
Hoy la ciudad se llena de turistas, de cámaras, de sonidos, de sabores, Zamora se impregna de austeridad, de recogimiento, de belleza, de angustia, de dolor, de muerte.
En definitiva, Zamora hoy, se llena de Pasión.
Bienvenidos, a la Semana Santa de 2009.
Manuel
Sin duda el día mas esperado del año por los zamoranos de verdad, los que aman cada rincón de esta bella ciudad románica y los que tachan dia a dia el calendario esperándo encontrar pronto un Marzo-Abril.
Ya ha pasado más de un año desde que metimos por última vez al Resucitado en la Horta, desde que comimos con desgana el dos y pingada mientras nuestras caras lucían ya una nostalgia por los días que acababan de pasar.
Pero el tiempo vuela, y cuando encontramos los primeros despuntes del sol del año, las primeras margaritas y los primeros estornudos, nos volvemos a encontrar con el Mozo, un año más, sin faltar nadie a la cita.
Nadie falta al Pizarro, a comprar las primeras bolsas de pipas, y a sentir algo en el interior que produce una felicidad solo sentida por los zamoranos cada Semana Santa.
Volvemos a oir por la calle los comentarios de los cambios de este año, volvemos a pronosticar el tiempo y mirar al cielo por ver si este año nos da una tregua.
Otro año más, la semana santa es un hecho, los estandartes de las cofradias ya están colocados en el Ayuntamiento, y las aceitadas puestas en el cajón de las galletas.
Ya escuchamos lejanamente a cierto representante semasantero, como es el Barandales y vemos cómo asoma fatigado nuestro mozo vecino por el puente de piedra, que tantas procesiones ha visto.
Despues de un año, las cosas vuelven al sitio de siempre, y aunque tu vida tenga ciertas dificultades, el dia que ves al mozo subir con la cruz a cuestas por el Pizarro, sientes que todo va bien.
Hoy la ciudad se llena de turistas, de cámaras, de sonidos, de sabores, Zamora se impregna de austeridad, de recogimiento, de belleza, de angustia, de dolor, de muerte.
En definitiva, Zamora hoy, se llena de Pasión.
Bienvenidos, a la Semana Santa de 2009.
Manuel
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